Encuentro en alta mar

Autor: 

Nahuel Chavez, Socio y miembro del staff de Aves Argentinas

Soy Nahuel Chavez, trabajo en el Programa Marino de Aves Argentinas y me encuentro a bordo de un buque pesquero trabajando para disminuir la mortalidad incidental de aves marinas que ocurre en las redes y en los cables que la sostienen. Parte de mis tareas es trabajar junto a los marineros para salvarlas y lo hacemos desplegando las líneas espanta pájaros (LEPs), una medida de mitigación de gran eficacia que, gracias al movimiento por el viento de sus líneas secundarias de color, logra que las aves se alejen de la zona de peligro donde puedan quedar enganchadas con los cables de arrastre y de sonda. Es la segunda vez que estoy a bordo de este barco y ya conozco a la mayoría de la gente, gracias a esto puedo relacionarme mejor con el capitán y los marineros, ellos ya conocen mi trabajo y están dispuestos a colaborar siempre.

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Ya pasaron más de 40 días que zarpamos en el Tai-An desde la ciudad de Mar del Plata, donde vivo. Este barco se dedica a pescar especies australes como merluza de cola, merluza austral y polaca y es el único en Argentina que produce surimi, una pasta de pescado que se utiliza comúnmente en la industria alimenticia oriental. La zona de pesca se encuentra muy al sur de nuestro mar argentino, cerca de la Isla de los Estados, del canal de Beagle y del Cabo de Hornos. En estas zonas según la época del año soplan vientos muy fuertes y es el área de distribución de las aves más amenazadas del planeta: los albatros y los petreles.

En este viaje tuve la posibilidad de estar cara a cara con el albatros más abundante de nuestro mar, el Albatros ceja negra (Thalassarche melanophris). Luego del almuerzo me avisaron que había un albatros en la proa del barco, cuando fuimos con el capitán a verlo, pudimos notar que era un “ceja negra” adulto, estaba en perfectas condiciones y probablemente cayó a la proa mientras volaba. Los albatros necesitan mucho espacio para poder “carretear” y tomar vuelo, claro que, en el mar esa tarea es muy fácil pero desde un barco se puede tornar una tarea complicada.

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Estuvimos un buen tiempo contemplando al albatros ceja negra, que estaba arriba de unos cabos que se usan para cuando el barco llega a puerto. Pudimos sacar varias fotos y otras personas también se acercaron a ver al albatros. Mientras miraba sus plumas blancas en todo el cuerpo y sus plumas negras por encima del ojo, que le dan el nombre común a esta especie, no podía dejar de imaginar un poco su vida: una vez que ya pueden volar pasan más de 6 años en el océano para alimentarse, tardan unos cuantos años más en buscar pareja y recién a los 10 ó 12 años de edad están listos para dejar descendencia poniendo un solo huevo por año. Son muy longevos, pueden vivir más de 60 años, siempre y cuando no mueran incidentalmente en la interacción con buques pesqueros en busca de su alimento (peces, calamares y los desechos de su proceso). El albatros de ceja negra nidifica en islas remotas del cono sur, y la mayor parte de su población se encuentra en Islas Malvinas. Todos estábamos sorprendidos por la oportunidad de tener cerca a un ave tan fascinante.

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Hay muchas personas que no conocen la historia de los albatros, incluso a bordo se sorprenden cuando, a través de alguna charla, pueden verle similitudes con otros animales que no son aves. Les puedo asegurar que es impresionante ver como con sus dos metros y medio de extensión alar, el albatros ceja negra aprovecha el viento para desplegar sus alas y deja llevarse planeando sobre el mar argentino. El encuentro con el albatros terminó cuando pudimos liberarlo y volvió a volar. Nos quedaron varias imágenes guardadas y la satisfacción de que trabajando juntos, en equipo, es posible seguir viéndolos volar.
Sin dudas esto ha sido lo mejor de este viaje.

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Fotos: Nahuel Chavez