Verano ribereño

Autor: 

Claudio Acuña

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En el caluroso y húmedo mediodía
de este quince de enero,
el paisaje costero cambió
en minutos.
El viento se desató
de repente
con ráfagas ascendentes
rotando al sudeste,
mientras que espesos nubarrones
pintaron de negro el cielo
presagiando la tormenta.
Una bandada de teros,
un grupo de atildados horneros
y una pareja de chajáes,
comunicaron su alarma que
provenía detrás de la
barranca donde el
pastizal domina el suelo.
Ante las primeras gotas,
una pareja de cuises
dejó de
masticar raíces,
corriendo a guarecerse
en su cueva.
También las demás
aves como garzas,
bandurrias y mirasoles
tomaron recaudos,
volando a refugiarse
en el ramaje
de los corpulentos
sauces costeros
cuyo denso follaje
verde les
ofrecía buen cobijo.
Furiosos truenos
precedidos de
zigzagueantes relámpagos
anunciaron el gran chubasco
y de inmediato
se descargó el
aguacero sobre todo
el escenario.
Costa, albardón,
selva y monte
no se divisaban
tras el manto de lluvia que
todo lo cubría.
Sin embargo
en un par de horas
la tormenta cambió
de rumbo,
pues Eolo tornó a soplar
desde el Sud-oeste
pensando quizás
que Pachamama-Tierra
había bebido suficiente agua.
Fue así que al brillar
nuevamente el sol desde
un cielo pintado de azul,
el paisaje retomó
de nuevo sus colores
y sus voces.
Claudio Acuña

Sobre Claudio

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"Estoy casado con mi esposa Haydeé y conformamos una familia de cuatro hijos y cuatro nietos.
Tengo 77 años y en enero próximo cumplo 11 años de socio en Aves Argentinas.
Comprometido con el estudio, observación , voluntariado y difusión de nuestra flora y fauna autóctona."