Diarios de Naturaleza

El macá y la culebra

Flotaba el macá entre los camalotes. Yo descansaba mi espalda dolorida sobre la baranda del puente. Un repiqueteo me distrajo, me incorporé y observé unos minutos al carpintero bataráz que golpeteaba una rama para extraer insectos. Se escondía dentro del follaje y su copete rojo lo delataba. Pronto voló a un árbol lejano, al otro lado de la laguna.

Un regalo para toda la vida

Un fin de semana estaba a la mañana en la radio, haciendo un programa más relajado que el de los días hábiles, cuando tuve un llamado de un radioescucha al aire. Era un niño, Bruno, de 8 años, de Aldea Escolar, paraje cercano a la localidad de Trevelin. Me llamaba para saludar a su abuelo en su cumpleaños a través de la radio, medio que sigue siendo para mucha gente la única vía de comunicación. Se lo notaba muy educado, con vocabulario, muy desenvuelto para su corta edad. Le comencé a hacer preguntas: ¿cómo te va en la escuela?.

Diarios de Naturaleza

Les cuento a mis hermanos:

Cierto día entré a un bosque mágico. Moraba en él una hermosa ninfa llamada Naturaleza. De inmediato me enamoré de ella, aún sabiendo que ese sentimiento no era correspondido. Inalcanzable como era, me ayudó a sentir el colorido de las aves, de los frutos, de las mariposas. Me embriagó con el perfume de las flores, me deleitó con el sublime gorjeo de los pájaros, me permitió desligarme un tanto de ataduras convencionales. Y soñé que volaba.

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