Encíclica LAUDATO SI - Opinión institucional de AVES ARGENTINAS

11 de Agosto de 2015

Ante la enorme trascendencia alcanzada por la carta papal LAUDATO SI, Aves Argentinas considera necesario, sin perjuicio del comunicado genérico de satisfacción publicado no bien se la conoció, expresar su opinión institucional.

Por el carácter de entidad de la sociedad civil de Aves Argentinas que, estatutariamente, mantiene neutralidad en materia política y religiosa, lo aquí sostenido soslayará pronunciarse en aspectos de esa índole. No obstante ello, debe celebrarse muy enfáticamente la apertura a las diversas confesiones y, también, a los que no profesan ninguna o las rechazan, que preside la postura vertida por el Papa Francisco en su llamamiento ambiental. A diferencia de varios otros documentosprecedentes emanados de líderes religiosos, se advierte en este caso una cabal comprensión de cuanto abarca lo que muy apropiadamente se denomina el cuidado de la casa común, que por cierto trasciende cualquier condición o ideología. Incluso las detalladas referencias a opiniones cercanas, como las del Patriarca Bartolomé (parágrafos 8 y 9), se enmarcan en esa concepción fundamental.

Nuestra posición, queda claro, estará centrada en las aristas que hacen a la misión que como entidad decana de la conservación de la Naturaleza en América Latina nos cabe.

Puestos a ello, destaca en primer lugar la insistente y muy concreta relevancia que en LAUDATO SI se otorga a preservar la biodiversidad de modo integral. No sólo se le destinó un capítulo específico en el análisis de la crisis que sufrimos (el III, par. 32/42), sino que con detalle, ejemplos y fundamentos, se subrayaron las razones en cuyo mérito todas las formas de vida deben ser conservadas. Tal criterio básico está enlazado con numerosas referencias en el mismo sentido que aparecen a lo largo de la encíclica (ver, entre otros, los par. 24, 25, 28, 48 y 53), debiéndose anotar que en la búsqueda de fundamentar integralmente su mensaje, el Papa alude en forma directa a cuestiones tantas veces olvidadas como la incidencia de la intervención humana en los ritmos evolutivos de especies y ecosistemas (par. 18), con los consiguientes detrimentos (par. 22); el recorrido por esa problemática, asimismo y entre otros, contempla aspectos como la necesidad de áreas naturales protegidas o corredores biológicos, y hasta una importante reflexión sobre el deber de cada nación, en ejercicio de su soberanía de “hacer un cuidadoso inventario de las especies que alberga en orden a desarrollar programas y estrategias de protección, cuidando con especial preocupación a las especies en vías de extinción” (par. 42 in fine). El relativamente escaso avance en esfuerzos globales hacia objetivos de esa laya también está ponderado (par. 168/169).

El conjunto de las reflexiones de la carta asume, con énfasis, que en el intento de procurar solución a los gravísimos daños que se vienen infligiendo al ambiente tiene un papel esencial el conocimiento científico; en ese punto, donde históricamente se han dado conflictos, el líder de una de las religiones con más adeptos en el mundo reclama entendimientos, empleo de los mejores conocimientos de los que la ciencia disponga y convergencia antes que colisión (par. 15, 60/62 y 132/135); esa postura abierta es ratificada cuando se abordan las innovaciones biológicas (v. gr. par. 132/135) o lo que el pontífice denomina “Una Ecología Integral” (ver, especialmente, par. 138/140). No faltan, en ese análisis, requerimientos de nuevos modos normativos, valoraciones respecto del principio precautorio (par. 184/186) o del llamado “contaminador-pagador”, así como críticas al paradigma del crecimiento ilimitado y a cualquier costo. Hay, concordantemente, fuerte acento en el carácter de herencia común del patrimonio natural (par. 93 y 95, con específica recordación del deber de administrarlo en beneficio de todos) y, también, de las determinaciones sobre impacto ambiental o el concepto de desarrollo sostenible (par. 139/141).

Como representantes de una entidad de la sociedad civil casi centenaria, valoramos en pleno las muchas referencias de LAUDATO SI a nuestro papel como agentes de cambio (la primera de ellas en el par. 14). Valga entonces una sola cita para advertir la visión de Francisco sobre un punto que nos incumbe de manera directa: “El movimiento ecológico mundial ha hecho ya un largo recorrido, enriquecido por el esfuerzo de muchas organizaciones de la sociedad civil. No sería posible aquí mencionarlas a todas ni recorrer la historia de sus aportes. Pero, gracias a tanta entrega, las cuestiones ambientales han estado cada vez más presentes en la agenda pública y se han convertido en una invitación constante a pensar a largo plazo. No obstante, las Cumbres mundiales sobre el ambiente de los últimos años no respondieron a las expectativas porque, por falta de decisión política, no alcanzaron acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces” (par. 166).

Y a nuestro juicio también es de gran relevancia que, en su condición de altísimo intérprete de las Escrituras para los cristianos, el Papa dedique un espacio significativo a sentar lo que considera una lectura correcta del Génesis en torno a un supuesto señorío absoluto de los seres humanos sobre la Naturaleza (par. 67/68). La importancia de tal criterio doctrinal, que “permite responder a una acusación lanzada al pensamiento judío-cristiano”,radica en que demasiadas veces la tesis contraria ha sido utilizada como respaldo de las agresiones contra la casa común que hoy constituyen la preocupación de la inmensa mayoría, incluso a través de la acción de personas claramente ajenas a esas corrientes religiosas.

Además de extensas justificaciones de su reclamo basadas en citas bíblicas o de estricta pertinencia para los creyentes, el Sumo Pontífice propone una cantidad de formas de actuación que en su criterio serían conducentes para paliar y/o remediar la crisis ambiental. Ese arsenal de propuestas lo lanza con reiterada invocación a Francisco de Asís, santo para la Iglesia Católica, pero también símbolo para muchísimas personas que no comparten esa fe de un compromiso integral con la Vida en su sentido más pleno y permanente.

Es obvio que muchas de esas propuestas, como el propio texto lo admite, requieren análisis, decisiones y eventuales puestas en práctica de gran complejidad, cuando no correcciones esenciales, pero entendemos que el meollo de la cuestión pasa por asumir sin más demora los problemas que padece esa Única Tierra, la solitaria esfera planetaria sobre cuyo cuidado alertaban pioneros como Barbara Ward y René Dubois hace medio siglo, entendiendo –en el mismo sentido y tal como acucia el mensaje de Francisco- que la exigencia nos atañe a todos y cada uno.

Parece oportuno recordar algún párrafo de un documento promovido por otro líder con ingentes responsabilidades globales. A fines de la década de 1970, “El Mundo en el año 2000 –Informe para el Presidente-“, tuvo difusión universal por decisión de su destinatario, el Presidente de los E.E.U.U. James Carter y, además de su abundantísima información sobre el panorama que nos aguardaba para los tiempos que hoy vivimos, entre sus conclusiones rezaba: “Es posible que sólo cuando ya esté bien entrado el siglo XXI alcancen a percibirse cabalmente los efectos de las crecientes concentraciones de dióxido de carbono, del agotamiento del ozono estratosférico, del deterioro de los suelos, del incremento de la introducción de sustancias químicas complejas y persistentes en el ambiente, y de la extinción masiva de especies. Sin embargo, una vez que esos problemas ambientales del mundo se hagan palpables, será muy difícil revertirlos. En realidad, pocos o acaso ninguno de los problemas abordados en el estudio El Mundo en el año 2000 pueden remediarse con soluciones inmediatas de tecnología o de directrices; lejos de ello, están inextricablemente unidos a los problemas sociales y económicos más desconcertantes del mundo.” (Vol. 1, pág. 44).

Si se repara en que muchas de las alarmantes predicciones de aquél entonces, prolijamente descriptas por los expertos de la mayor potencia mundial, se han cumplido con anticipación a lo pronosticado, cabe subrayar la significación que alcanzan los llamados que fluyen de la carta encíclica LAUDATO SI. No sólo en el marco de las creencias religiosas es usual aludir a los hombres (y mujeres) de buena voluntad, también lo hace el Preámbulo de la Constitución Nacional, por lo que desde esa perspectiva laica recomendamos la lectura de ese texto, para que cada quien obre según su conciencia en aras de una calidad de vida integralmente más sana y perdurable.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 5 de agosto de 2015, en el inicio del Año del Centenario de Aves Argentinas / Asociación Ornitológica del Plata.

Foto tomada de: http://media02.radiovaticana.va/

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Posición institucional