Un diálogo con Tito Narosky

Marzo 26 de 2017

Tito Narosky es una referencia obligada a la hora de pensar en los estudios sobre las aves de nuestro país. Creador de la obra “Aves de Argentina y Uruguay, Guía de Identificación” junto a Darío Yzurieta, ha publicado una veintena de libros como autor o coautor; es presidente honorario de Aves Argentinas / Asociación Ornitológica del Plata y creador de la Escuela Argentina de Naturalistas; incorporó cinco nuevas especies al listado de las aves de Argentina y ha sumado una nueva especie para la ciencia. No obstante, más allá de todo esto, Tito Narosky es un hombre de sabiduría y profundo humanismo con el que en 2014 mantuve el siguiente diálogo sobre las dificultades que enfrentan las aves y la naturaleza en general y el rol del hombre en el mundo, entre otras interesantes y muy trascendentales cuestiones. A continuación, parte de su visión.

Por: Elio Daniel Rodríguez

¿Recuerda cómo se despertó su pasión por las aves?

Pasión por las aves es casi sinónimo de amor por la naturaleza. En los libros de la escuela primaria había un mundo de atractivas láminas de flora y fauna que, imaginé, pertenecían a la fantasía del autor. Pero a los diez años, en un viaje a Darregueira, un pueblito de campo, sentí la vibración del mundo silvestre, me vi envuelto en su magia, era un indescriptible sueño en vigilia. Y las aves y sus nidos, de la mano de los niños del lugar, se constituyeron en protagonistas de una historia que sin saberlo, recién comenzaba.

¿Cuál era en aquellos años su motivación principal a la hora de observar aves en libertad?

Juego de niños. Ya sabemos que la actividad lúdica de los pequeños pertenece a una dimensión apenas entrevista por los adultos. La diversión adulta imita al juego infantil, pero este es inalcanzable. La historia de aquel comienzo, que me empeñé en recrear muchas veces, carece de vocablos adultos. Si hablase con mi léxico actual sobre motivaciones, me apartaría de los sentimientos que el descubrimiento de la naturaleza generó en mí.

Su aporte al conocimiento y protección de las aves en Argentina es muy importante: especies nuevas para nuestro país, una nueva para la ciencia, o una guía que seguramente marcó un antes y un después para los estudios ornitológicos de nuestro suelo, pero ¿cuál cree usted que fue su mayor logro?

La respuesta no es sencilla. Quizá mi mayor aporte es haber logrado un cambio de paradigma en cuanto a la observación. De la captura, actitud usual para acercarse a las aves, intenté pasar a la contemplación pasiva. Quizás para demostrar que no era preciso matar escribí libros, hice la primera guía elaborada por nativos, luego otras más sofisticadas, agrupé gente, generé los primeros cursos de observación en el país -seguramente en el mundo-, ideé la Escuela Argentina de Naturalistas, viaje, escribí, filmé.

Acerca de las cosas que hombres como usted han hecho, muchos podrían hablar de un legado para las generaciones venideras, mientras otros prefieren explicar la cuestión refiriéndose al cumplimiento de una misión en la vida ¿Cómo siente usted, a la distancia, haber alcanzado esos logros? ¿Qué significado les otorga?

Cada persona cumple con la sagrada misión, impulsada por sus genes, de conservar la vida individual y prolongar la existencia de la especie. Esto más allá de multitud de objetivos paralelos para lograr aquellas metas. A algunos, no les es suficiente y agregan una finalidad, o como bien decís, una misión a su existencia. Me inscribo entre estos.

Vivimos en un mundo apurado, donde todo pasa casi sin que lo notemos y donde cada vez es mayor el cúmulo de actividades que debemos realizar; pero, mientras esto ocurre, cada vez más personas se concentran en una actividad que parece ir a contramano de los tiempos, como la de ver pájaros. ¿Qué le aporta a los hombres la observación de las aves?

Son muchas las ventajas que puede aportar al hombre el tomar distancia de una carrera a menudo desenfrenada y que no ofrece premio. Tal vez la pregunta tenga tantas respuestas como observadores hay. Partamos de la premisa de que es una actividad lúdica -de aspecto irreprochable- que permite volver a aquellas etapas de fantásticas correrías, a esos mundos misteriosos que gozamos en las lecturas adolescentes. Pero hay mucho más. A mi vida, por ejemplo, le permitió canalizar poderosas fuerzas internas sofocadas por la chatura de la vida burguesa. Pude ser aventurero, investigador, traductor de la belleza silvestre, organizador de escuelas, escritor, ganar amigos siempre presentes, conocer figuras de imposible acceso en la mediocridad, fui feliz, y por fin, para no extenderme hacia el infinito, le dio un sentido a mi vida. Si esto es poco, puede interrogarse a otros observadores que agregarán sus valores a una larga lista.

¿Y por qué las aves? ¿Acaso pueda decirse que tienen algo de especial que las destaca en el conjunto maravilloso de la vida? Mientras le pregunto esto, se me ocurre pensar en sus colores variados o en sus cantos bellísimos, pero usted aportará a estos elementos seguramente otros más profundos…

Si bien, al responder a esta pregunta, he usado explicaciones racionales -la facilidad de observarlas en relación a otros grupos zoológicos, o su belleza estética o la admiración por su capacidad de abandonar en sus vuelos la chatura que nos ata a la Tierra- la verdadera razón, si existe, permanece oculta entre los pliegues de mi estructura psicológica.

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