Breve homenaje al Caballero de la Conservación

Autor
Alejandro G. Di Giacomo

Conocí a Francis, como varios de aquellos adolescentes por entonces, a través de las pantallas de TV cuando sábados al mediodía y por canal 13, conducía y relataba "El Maravilloso mundo de los animales". Luego, lo ví y escuché en persona presentando un audiovisual en diapositivas sobre los Parques Nacionales en la Sociedad Rural Argentina, donde Fundación Vida Silvestre tenía un stand al público, año 1980 o 1981 estimo. Allí, selló mi admiración y respecto no solo por sus conocimientos, sino por su impronta y su personalidad. En esa sutil pero entrañable "dicotomía" institucional que aglutinaba jóvenes y los entrecruzaba tarde o temprano, mi rumbo se encaminó hacia Aves Argentinas. Quizás, por esta causa, el destino no me dio el privilegio directo que por entonces ya tenían muchos de estos jóvenes (luego amigos, compañeros de trabajo, andanzas, gestas y patriadas) de haber sido liderados por Francis en sus primeros pasos, los más difíciles y los que irremediablemente sellan para siempre, o no, nuestra vocación conservacionista. Pero siempre seguía su trayectoria y sus obras, y no solo aquellas publicadas en formatos de libros o fotografías.

Hubo encuentros fugaces y aleatorios a través de los años, entre los que recuerdo por ejemplo un brindis de fin de año en Aves Argentinas, donde hablamos largo y tendido. Pero llegó mi revancha. Tuve el privilegio y el honor de guiarlo, junto a Irma, durante una semana de campo intensa en la Estancia y Reserva El Bagual, provincia de Formosa, cursando la invitación de su amigo personal y compañero de gestión en Fundación Vida Silvestre, Enrique Gütz. Las charlas eran intensas y se prolongaban en cientos de anécdotas y experiencias, entre avistaje y hallazgo, y por supuesto las consecuentes secciones interminables de fotos.

 Recordé en el tiempo, esos documentales televisivos, pero había algo distinto. En ese momento, y aunque el término me queda enorme y quizás no sea pertinente de mi parte, me sentí de algún modo discípulo y colega. Pero así fue su trato en esos días, y de allí en adelante, lo que me honra.

Su pluma, más que proba, exacta y medida, prologó el primer libro que editarnos sobre El Bagual en el año 2000. Luego el contacto fue más fluido y en otras visitas a la región, como cuando realizaba gestiones para lograr la preservación de un área de selva en galería sobre el riacho Pilagá, nos volvimos a encontrar y anduvimos juntos de nuevo en el campo. Volvió a honrarme al invitarme a revisar su propuesta y a hacer aportes de mi propia experiencia en el tema.

Finalmente, Francis nos acompañó y fue directivo de Aves Argentinas por poco más de una década, y compartíamos ese espacio institucional, a veces con debates intensos y otras con consensos indisolubles. Su visión, su experiencia y su capacidad de gestión, fueron y aún siguen siendo, puntales de muchos logros y objetivos que tuvo la institución en estos años, y que serían extensos de enumerar. Aprendimos mucho de su valioso paso por la Comisión Directiva de la institución. Dejo mi agradecimiento al Caballero de la Conservación, que conocí de chico y por TV, pero que luego la vida lo fue cruzando en mi senda para sellar definitivamente mi vocación y mi convicción de servicio a la noble causa de la conservación en nuestro país, cuya senda fue trazada en el inicio sin lugar a dudas por el propio Francisco Erize.

Con el recuerdo, la admiración y el afecto de siempre,

 

 Alejandro G. Di Giacomo y Alparamis, Estancia y Reserva El Bagual Noviembre 2021, Formosa.