Una nueva experiencia en el Pacífico

Autor: 

Nahuel Chavez - Programa Marino / Albratoss Task Force

Hace un día que me bajé del buque científico Abate Molina, de bandera chilena. Es la primera vez que estuve en un barco de estas características y que navegué por la aguas del océano Pacífico Sur. Gracias a los esfuerzos de los equipo de ATF de Chile y Argentina y al Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) pude pasar 20 días a bordo probando Líneas Espanta Pájaros (LEP) en los lances que realizaba este barco pescando como objetivo merluza común (Merluccius gayi gayi).

Mis expectativas eran muy grandes porque iba a observar trabajos de oceanógrafos, especialistas en hidroacústica, colegas biólogos que trabajaban con plancton y observadores a bordo que hacían lo suyo con las capturas que realizaba el buque. Mi trabajo se pudo adaptar bien a la operatoria de cada grupo ya que nuestra tarea como instructores ATF es trabajar junto a los marineros durante los lances pesqueros para probar la eficacia de las LEP que salvan a las aves marinas.

El “Abate” de 43 metros de eslora, un poco pequeño comparado con mis últimos embarques desde mi país Argentina, se movía bastante y los dos primeros días estuve descompuesto, mareado y no pude trabajar. Una vez adaptado a las condiciones de trabajo pude empezar a ver la diversidad de aves marinas que acompañaban a la embarcación y usar las LEP. Cuando los marineros me ayudaron a desplegarlas y comenzaron a funcionar enseguida se acercaron el jefe de investigación, el capitán, otros investigadores, observadores y otras personas a ver qué era esto de “la solución para salvar miles de aves”. Ellos pudieron corroborar que esta medida de mitigación permite que las aves sigan comiendo del descarte pesquero (pescados y tripas arrojadas al mar) más lejos de la “zona de peligro”, es decir donde los cables de arrastre entran en contacto con el agua y se producen colisiones que pueden ocasionar la muerte de albatros y petreles. Debo confesar que me sentí bastante observado, más de diez personas esperando ver a las famosas LEP en acción, que en buques congeladores de Argentina ya son de uso obligatorio. Todo salió muy bien y recibí buenas opiniones de todos a bordo.

En cuanto a diversidad de aves marinas pude ver algunos albatros que antes no había visto, Albatros de Salvin (Thalassarche salvini), Albatros de las Antípodas (Diomedea antipodensis) y la famosa fardela blanca (Ardenna creatopus), todas especies globalmente amenazadas. También fue algo novedoso para mí, navegar cerca de las costas chilenas, algunos lances fueron cercanos a tierra y pudimos ver de lejos el archipiélago de Chiloé (41º S).

Lo mejor de esta experiencia además del funcionamiento de las LEP fue el trato con la gente. Los marineros están acostumbrados a navegar con investigadores y recibí su ayuda en todo momento. Algo anecdótico fue compartir con ellos la música que escuchan en cada maniobra pesquera. Tienen un equipo con buenos parlantes en la cubierta y siempre está sonando algo bueno (al menos para mí, como The Rollings Stones y Pearl Jam). Esto en los buques en que navegué en mi país no sucede y claro que, no es lo mismo observar aves y desplegar LEP escuchando la música que me gusta.

También pude jugar al “truco” (juego de naipes españoles muy común en Argentina y el sur de Chile) con dos marineros que sabían y un observador que le enseñé a jugar. En las tardes de los últimos días pasábamos un buen rato divirtiéndonos viendo quién ganaba más partidos. Al terminar el viaje recibí varios obsequios como remeras, gorras y una campera por parte de los marineros e investigadores como forma de gratitud y reconocimiento a la buena convivencia y por el trabajo realizado a bordo.

Por todo esto, esta nueva experiencia superó mis expectativas, ahora tengo más marineros e investigadores “amigos de las aves marinas” y pudimos demostrar que trabajando juntos, con interés y esfuerzo es posible salvar a las aves marinas.