Alarma: 34 cóndores muertos en Argentina

El lunes 22 de enero se dio a conocer la noticia: 34 cóndores andinos fueron hallados muertos junto a un puma y otros animales domésticos como ovejas y cabras en la localidad de Los Molles, en la provincia de Mendoza, en la Cordillera de los Andes.

Si bien no es el primer caso que sucede en ese país, se enciende la alarma por la alta cantidad de individuos muertos. Con estos 34 cóndores, asciende a más la cantidad de 60 los cóndores muertos en el último año en Argentina, incluidos 19 cóndores muertos hallados en marzo de 2017 en Jujuy, en lo que fue otra gran mortandad.

En Argentina aún es una práctica que persiste pese a estar prohibida: muchos productores buscan combatir a zorros y pumas (y otros depredadores incluyendo águilas y aguiluchos) utilizando cebos envenenados (una oveja, un pedazo de carne). Para eso utilizan raticidas, aunque últimamente se comprobó que se usan agrotóxicos concentrado como el carbofuran. En el caso de los cóndores envenenados en Mendoza, los investigadores de la Fundación Bioandina, quienes tomaron las muestras y están trabajando en el caso, creen que esta última sustancia fue la causante de la tragedia.

Por otro lado, lamentablemente, aún perdura la creencia de que el cóndor ataca al ganado, come ovejas o cabras. Nada más alejado. El cóndor es un carroñero que necesita que su presa esté muerta. Al igual que sus parientes los jotes, ni siquiera tiene garras aptas para levantar una liebre.

El cóndor además un animal sagrado para muchas culturas andinas. Es el ave nacional de Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia. Es una de las especies más imponentes. Deslumbra a turistas de todo el mundo que llegan hasta la cordillera de los andes para disfrutar de, ni más ni menos, el ave terrestre voladora más grande del planeta.

Sin embargo, lo más importante es el rol que los cóndores cumplen en la naturaleza. Son los carroñeros principales, esenciales para la salud del ambiente. Allí, ocupan el mismo nicho biológico que los buitres del viejo mundo. Aunque no son parientes cercanos su importancia es exactamente la misma. Lo que sí los une es su mayor problema: la muerte por envenenamiento, el diclofenaco utilizado con fines veterinarios en África, Asia y Europa y el uso de cebos tóxicos en América.

La buena noticia es que ahora en Argentina se está trabajando en una normativa que permita la trazabilidad de los agrotóxicos como el carbofuran, para saber quiénes lo compran y con qué fines se utiliza. En ese sentido, se están juntando firmas en la plataforma change para exigir una Ley de Trazabilidad de los agrotóxicos. Por otra parte, la justicia está encabezando una investigación para hallar con los culpables y aplicar las multas o condenas correspondientes.

El caso tomó mucha visibilidad en los medios y en la sociedad y eso es un triste pero buen indicio para que estas muertes no se repitan.

El cóndor andino está catalogado a nivel global como “cercano a la amenaza” y a nivel nacional como “amenazado” y sus poblaciones están decreciendo. Se estima que quedan unos 6700 cóndores en el mundo, de los cuales cerca de 2500 están en Argentina, tal como afirmó el Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación en un video que se viralizó en redes, las matanzas de Mandoza y Jujuy equivalen en terminos poblacionales a la cantidad de personas que viven en Argentina y Chile. La baja tasa de natalidad y la madurez que necesitan los cóndores para reproducirse hace que estas muertes (la mayoría de los individuos sean adultos) sean un duro golpe para el cóndor andino, cuyas poblaciones de Mendoza, en Argentina, tardarán muchos años en recuperarse.

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